Líderazgo. Una definición
Hay algunas cosas de la idiosincrasia española en el trabajo que me llaman mucho la atención, pero la que definitivamente me parece más extraña y dañina de todas (y que gracias a Dios nunca he sufrido) es el “culto a la jerarquía”.
Si bien, tengo entendido que esto ha venido cambiando en los últimos años con rapidez, no dejo de escuchar historias (sobre todo de la pequeña y mediana empresa) que parecen realmente increíbles sobre las relaciones jefe - subordinado. Y es que pareciera que lo “aceptado” es la concepción de que ser jefe te hace inmune al error… o por lo menos a las críticas de tus subordinados.
Pensando en esto, lo primero que me viene a la mente son tres conceptos de un curso de liderazgo que tuve la oportunidad de tomar hace tiempo (en 1999 si no me equivoco):
- Poder formal: Es el poder que, por tu cargo o nivel en una jerarquía, tienes para garantizar que las cosas se hagan. Básicamente, es el poder para dar órdenes.
- Poder informal: Es un poder basado en el respeto a las opiniones y a las personas. Este es el poder por el que si se pide que algo se haga, se hace porque “es una buena idea”, o simplemente porque se tiene confianza en la persona.
Y contado con estas dos definiciones, la tercera es la de “Líder”:
Líder: Un líder es aquella persona que, incluso, teniendo el poder formal para garantizar que las cosas se hagan, solo necesita recurrir al poder informal.
Es por esto (y aquí retomo la idea del culto a la jerarquía), que las dos cosas más importantes en cualquier equipo de trabajo son:
- La libertad y la valoración de las opiniones de todos los miembros del equipo por parte de los superiores, y
- El deseo de los subordinados de participar con sus opiniones y críticas.
Y este es un esfuerzo que debe ser realizado por ambas partes para que la dinámica sea realmente constructiva y eficiente.
Si sólo es el subordinado el que da su opinión y es ignorado por su superior, pronto se sentirá frustrado y hará su trabajo de mala gana… o cambiará de trabajo.
Si sólo es el superior el que está abierto a recibir críticas y opiniones, pero los subordinados no participan, por “respeto al cargo”, entonces el poder informal desaparece pues toda “idea” es percibida tácitamente como una orden, e inevitablemente se tomarán peores decisiones pues es imposible que el superior tenga un verdadero contacto con la realidad.
Estos son canceres de los que hay que cuidarse constantemente. El momento en el que el flujo de ideas pare, el liderazgo deja de serlo y la satisfacción de todos en el trabajo caerá sin remedio.
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